Estamos convirtiendo al peronismo en un tango melancólico, perdiendo la esencia de lucha y transformación que le legaran Perón y Evita”.

Asistimos azorados e incrédulos a la transformación de la gesta peronista en un rosario de nostálgicos –y hasta hipócritas- que en lugar de utilizar el pasado como guía para proyectar el futuro esperanzador desde un presente de militancia, lucha, acciones e ideas trastocan éste hasta convertirlo en un continuo lamento por los tiempos pasados.

 

Reconociendo la necesidad permanente de la catarsis existente entre los compañeros/as peronistas, es imprescindible que pasemos a intentar pensar el futuro, dejando de intentar mordernos el rabo como venimos haciendo desde hace por lo menos un cuarto de siglo. Hemos perdido el sentido utópico de intentar transformar la realidad cotidiana de nuestra patria, para cumplir con el legado histórico que nos impusiera el Teniente General Juan Perón en su último discurso aquel 12 de junio de 1974 desde el balcón de la Casa Rosada.

Existe hoy más que nunca, una Argentina anhelante y anhelada, especialmente conjetural; que circula en la palabra y en los “discursos formales”, pero en la praxis cotidiana asoma muy de cuando en cuando y suele desvanecerse demasiado rápidamente, barrida por las urgencias sin nobleza de este triste presente histórico nacional. Lo permanente es una Argentina literal, brutal y prepotente, fanfarrona y patotera, llena de falta de ideas y propuestas, carente de utopías y sueños de grandeza especialmente entre la dirigencia política, y específicamente entre la dirigencia peronista.

Esta Argentina ha hecho del conflicto y la mediocridad una militancia cotidiana y de la discordia y la chabacanería una razón  estratégica, mientras el pueblo espera una caravana de consensos y propuestas de cara al futuro que nos depara la historia, el oficialismo y la enorme mayoría de los compañeros y compañeras que dicen representar la oposición interna se enfrascan en un metafórico camposanto donde se cavan a diario trincheras de exterminio con la impunidad de las delaciones obsecuentes del aparato estatal y del aparato partidario, disfrazándose la corrupción de ideología y principismos, cuando en realidad sólo se trata de acumular poder y dinero para alinear voluntades al margen de las verdaderas necesidades populares.

Estamos cansados de escuchar lamentos y vivir mirando hacia atrás por sobre el hombro, para recordar el pasado venturoso construido por nuestro líder y conductor, mientras poco o nada realizamos para revertir este presente de frustración, mediocridad, discordia y prepotencia. Mientras unos nos convocan a construir el “nosotros” los más opacos, proponen el discurso de volver al pasado, como si desde ese pasado –verdaderamente glorioso pero inútil hoy- permitiese milagrosamente reconstruir un futuro venturoso, tiñendo la opacidad del discurso con la patoteada y el agravio hacia aquellos que no viven del pasado.

Kierkegaard nos iluminaba sobre la  existencia del pasado y el futuro, negando el presente, y muchos compañeros reniegan del presente sin mirar el futuro, al referirlo al pasado reinventando la filosofía y el conocimiento de la idea. Confunden ideología con doctrina, supeditando la creación al discurso maniqueo terminando por convertir el peronismo en un símil tango melancólico, olvidando que Perón nos convocó permanentemente a construir el futuro, utilizando el pasado para reconocer aquellos errores cometidos por los otros, y así no repetirlos.

En lugar de resistir la “desperonización”, la “seducción del poder”, la indiferencia individualista y el intento de cooptación o la infiltración ideológica y doctrinaria, nos malgastamos intentando aplicarnos entre nosotros el peronómetro, o intentando destacarnos entre pares a través de ver quien discursea más lindo y floreado, quien tiene más falsos pergaminos, o más cicatrices, prisiones o exilios. Este accionar más propio de gorilas y oligarcas –según Evita-, que los termina por separar del peronismo que nos enseñara y legara Perón, es el que hora a hora vemos primar entre la militancia alejándose cada vez más del sentir popular.

Estamos en el reino de los Néstor, los Moreno, los D’Elía y los cristinos, muy alejados al de bella poética y la eterna sabiduría de Perón y de Evita que nos explicaran que primero estaba la Patria, luego el Movimiento Nacional y, muy luego, y por último, los hombre y sus propias apetencias; vemos entristecidos como aquel legado peronista se ha visto trastocado por este presente donde priman las apetencias por sobre los requerimientos populares y nacionales, e invirtiendo aquella pirámide para mal de los argentinos.

Dejan de ser nacionales y peronistas para convertirse en la más triste marioneta de los titiriteros que desde las sombras del poder, mueven los hilos para transformar el maravilloso y utópico movimiento popular de masas en un apéndice patético y apenas vulgar. Sigamos mirando el pasado, sigamos llorando como niños ante aquel pasado perdido, mientras los enemigos del pueblo y la Patria siguen entronizándose y enriqueciéndose, destruyendo todo aquello construido por el pueblo bajo la dirección del estadista por excelencia del siglo XX.

Unas vergüenza, una afrenta a la memoria de todos aquellos hermanos y hermanas que tiñeron con su sangre, su sudor o sus lágrimas la Resistencia peronista, los basurales de José León Suárez, la Plaza de Mayo el 16 de Junio de 1955, la vieja Penitenciaría Nacional, y tantos otros lugares desolados donde ofrendaron sus vidas por el retorno del líder y conductor. Recortamos así un homenaje que debió ser de millones de compatriotas hacia la idea de la “lealtad”  por la mezquindad, la cobardía o la soberbia, opacamos el legado y el martirio de miles tras el afán de destacarnos, o la melancolía por el ayer que no supimos defender con hombría.

Convertimos las fechas históricas en simples mitologías y en las excusas perfectas para que las propias apetencias personales puedan medir fuerzas con nuestros compañeros de lucha, la traición del menemismo y el kirchnerismo que implicó desperonizarnos, está muy lejos de aquel peronismo de la Plaza de 1945 cuando aquella multitud en forma espontánea exigió el regreso de Juan Domingo Perón y de sus planes de “justicia social”.

Estamos dándoles la razón a todos aquellos que dicen y afirman que los recordatorios y festejos del Día de la Lealtad tienen más color de nostalgia que una pelea sincera por los valores fundacionales del movimiento; “lo que muestra el peronismo en estos actos del 17 de octubre es que hoy es pura maquinaria política y que la dirigencia está dispuesta a usar el nombre de Perón para su propia construcción política”, señala Luis Alberto Romero. O según Ricardo Sidicaro “los actos del 17 muestran que el peronismo perdió todo sentido y se convirtió en una marca que todos reconocen como vacía”.

Hemos renegado de nuestros principios doctrinarios, permitimos que desaparecieran el trabajo, la justicia social y la idea de progreso y ascenso social tal como la concibieron Perón y nuestros antepasados, y hoy, sólo buscamos rentabilizar la “marca” con palabras vacías de contenido, o con recuerdos melancólicos que no enfrentan este presente nefasto. Seguimos enfrascados en duras pulseadas por espacios de poder para autoposicionarnos ya sea en el kirchnerismo apátrida, o en el espacio mal llamado del “peronismo disidente” –como si existieran más de un peronismo-.

Nos quieren fragmentar como movimiento, y nosotros nos prestamos a ello, y como bien dice Silvio Maresca “en el peronismo, hoy existe un verdadero desconocimiento de los principios fundacionales del partido –confundiendo o simplificando el partido con el movimiento-, y la falta de liderazgos visibles hacen que esto se profundice. Sin embargo soy optimista, las diferentes vertientes o círculos políticos del peronismo con su vocación de poder harán que se priorice la unidad partidaria”.

Maresca es sumamente condescendiente al considerar la “unidad partidaria” como un elemento de cohesión ideológica y doctrinaria puertas adentro; desconoce la realidad, que nos indica que si se han borrado los “principios fundacionales” es imposible reconstruir doctrinariamente el movimiento. Es imprescindible volver a construir al “hombre” argentino, hoy mucho más degradado que cuando lo pedía Juan Perón allá en los 70,  pues sin su construcción ética, moral y cristiana es imposible recobrar los valores olvidados o perdidos y abandonados.

“La nostalgia en el pasado cobra réditos de inversión política para cierta dirigencia. Pero hoy no se puede ver en el PJ un liderazgo basado en la reivindicación de la justicia social cuando existe un nivel de pobreza que supera el 35% de la población”, apunta sabiamente Abel Posse, remarcando quizás el máximo desviamiento ideológico del peronismo presente, ese mismo que suele llorar por el pasado perdido o abandonado, mientras basa todo el esfuerzo en recordar el pasado glorioso y no en plantearse nuevamente la lucha por la utopía del pleno empleo, con salarios justos y dignos y la real posibilidad del ascenso social para nuestro pueblo.

Nuestros verdaderos enemigos siguen difundiendo las falacias del “papel del Estado”, “el reparto de la riqueza”, la “idea de el Estado de Bienestar” contraponiendo este presente al del “peronismo neoliberal de los años 90”. Mienten a sabiendas al pretender diferenciar aquel seudo peronismo de los 90 que nos condujera a la desinversión y profundizara la desindustrialización iniciada con Alfredo Martínez de Hoz, de la actual realidad de este seudo peronismo socialiberal progresista de pacotilla, que hambrea al pueblo para enriquecerse y enriquecer a sus amigos.

Ellos son los que “buscan apoderarse del símbolo del PJ y cumplen rituales como los del 17 de octubre, aunque no representan los valores de igualdad social que simboliza Perón” –coincido con Ricardo Foster, aunque no con quienes él señala- y mucho menos cuando aceptan como válido la existencia de pobres, hambrientos y excluidos impulsando la lucha de clases y los enfrentamientos populares.

El peronismo fue, es y será un verdadero punto de inflexión en la historia de Argentina y de América Latina, que impidió el avance de la revolución marxista por su sentido superador, mientras generó un movimiento nacional policlasista que propendía al ascenso social, la dignidad del hombre asentada en el derecho a la salud, a la educación y al trabajo como utopías realizables, y parándose ante los dos imperialismos –el de derecha y el de izquierda- en una posición equidistante y superadora, marcándole a los pueblos del mundo un camino a recorrer que superaba la antinomia de capitalismo vs. marxismo.

Olvidemos las peleas por el poder, para reafirmar los “valores” encerrados en la doctrina legada por Juan Perón, dejemos de lado las mezquindades personales, para construir seriamente el “nosotros” que esté al servicio del pueblo argentino; y demos la batalla para terminar con los infiltrados, los traidores y los débiles que nos han conducido –con cierta complicidad de todos nosotros- ha este presente que es la continuidad lineal del liberalismo imperante en los 90 del siglo que acaba de terminar.

 

Buenos Aires, 20 de Octubre de 2009.

Arq. José Marcelino García Rozado

Movimiento Político Sindical José Ignacio Rucci.